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Mi forma de hoy decirle adiós a una amiga del ayer

 
Rosa Linda y Gabriel eran dos amigos argentinos que se vieron precisados a huir de la dictadura. Cada vez que hablaban de los amigos, de la familia o de su patria no podían, como no pueden todavía los cubanos, evitar el llanto. Muchas veces lloré su nostalgia, acompañé su rabia, escuché su historia, narrada cada vez como si nunca la hubiesen contado. Daba la impresión de que ellos mismos la descubrían al narrarla. Supe hoy que Rosa Linda Barragán, mi amiga, aquella que conocí en 2003 en la lejana Pensylvannia de Junior e Ignacio, ha muerto de una enfermedad injusta. No he podido escribir estas líneas sin llorar por su vida, lacerada por la dictadura que le robó su familia y sus sueños. Este poema de María Rosa Lojo trae a mi memoria aquellos diálogos infinitos con Gabriel y Rosa Linda, allá, en mis primeros días blancos en Estados Unidos. No los volví a ver, pero nunca murió su recuerdo ni mi respeto por su vida e historia inmarcesible. Sirva esta pieza colgada al pié como homenaje póstumo a Rosa linda y de soporte para 'Gabi', el amigo inolvidable:

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