Por Robert Cabrera
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Tamboril.- 17 de septiembre de 2011.- A un año de su partida, la figura del doctor Jorge Armando Martínez Capellán sigue gravitando en cada rincón de Tamboril.
Y es que la mano de este gran filántropo tocó a la mayoría de los hogares del municipio, llevando salud a los que necesitaban de ella, pan a los hambrientos y sobre todo su ejemplo de vida.
Don Ico, como se le conocía en el pueblo, como si se hubiera presagiado sería un icono para esta sociedad renunció a sus bienes materiales y aun así tuvo la capacidad de levantar a una familia ejemplar.
Como cada gran hombre, el doctor Martínez tuvo una compañera que le apoyó y siguió su trabajo en favor de los desposeídos. Doña Yolanda, su esposa, merece que su nombre aparezca al lado del de su compañero por décadas.
Hay que destacar la labor realizada por la prestante dama con su Estancia Infantil donde decenas de familias albergaban a sus hijos, quienes recibían alimentación, educación y cuidados médicos, mientras sus padres y madres salían en busca del sustento familiar.
La memoria de Don Ico debe ser preservada para que sirva de ejemplo a las generaciones venideras. Doña Yola, como su eterna compañera debe ser objeto del reconocimiento de los Tamborileños, siendo distinguida en vida, por ser ella la otra pata de la mesa que sustentó el trabajo provechoso y efectivo de este caballero querido y respetado por todos.
Honor a quien honor merece, la familia Martínez en la persona de Don Ico y Doña Yola.



