Es cierto -como sentenció Manuel del Cabral en su inmortal poesía Aire Durando- que hay muertos que van subiendo en tanto más baja su ataúd. Con Ico Martínez, el filántropo mayor de la historia tamborileña y acaso del país, se han cumplido fielmente estas palabras. El nombre del noble médico de todos se agiganta con la misma velocidad con que corre el tiempo. Hoy, 14 de septiembre, a un año de su partida tranquila y reposada, parece estar más que nunca entre nosotros, los vivos. Su sonrisa, limpia y socarrona, aún acaricia el aire de ese Tamboril al que tanto amó. El Samán sigue ahí, erguido, imponente, reverenciando toda la historia que se forjó bajo su acogedora sombra. Ese árbol fue testigo mudo de una de la más enternecedoras historias de amor, entrega y devoción que por un pueblo y sus gentes haya podido tener ser humano alguno. La de un hombre que lo dió siempre todo por nada, de unos brazos que estuvieron siempre abiertos para consolar y conjurar los males y dolores de un pueblo cuya alma lleva siglos llena de pesares y llagas, esas que él alivió más de una vez y a más de uno. Por eso era el médico del pueblo. Ir donde Ico, aunque sólo fuera a verlo o a estrechar su mano, era sinónimo de sanación para muchas personas atribuladas. Dicen que El Samán ahora pasa el día entero sonriendo, y que su espíritu, el de Ico Martínez, se ha quedado ahí, perenne, bailando entre las ramas alegres y juguetonas que aletean al compás de la brisa arrulladora de Tamboril. Los hombres como Ico Martínez no mueren, es verdad. Sólo nacen a la eternidad.
Reproducimos la nota publicada el mismo día de su fallecimiento, en 2010
Tamboril está de luto por la muerte del Doctor Ico Martínez
Murió esta madrugada, en Tamboril, a la edad de 87 años, una leyenda de la medicina nacional, un fiel expositor del juramento hipocrático: Don Jorge Armando Martínez (Ico), hijo de Emiliano Martínez e Irene Capellán. El hospital de este municipio lleva su nombre por los desprendidos servicios que como médico prestó durante años. La alcaldía del pueblo, presidida por Anyolino Germosén, decretó el de hoy como “Día de duelo Municipal”, ante el sentido fallecimiento de este prominente profesional, ser humano notable y de sobrados méritos, merecidamente considerado en este municipio como "el médico del pueblo". Paz a sus restos!





