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Día del Periodista: Muy poco que celebrar


La mayoría de periodistas dominicanos se ven orillados al pluriempleo, por los precarios ingresos percibidos y por ello mismo viven en condiciones de extrema miseria, como puros limosneros. Muchos se ven forzados por las circunstancias a publicar noticias a cambio de un plato de comida y, otros, los más, venden sus plumas al mejor postor a cambio de dinero contaminado. Los que mejor trepan reciben lujosos apartamentos, fincas, carros y dinero al pecho de parte del gobierno y los hay tan ´avivatos´que logran hasta embajadas y pomposos puestos diplomáticos a los que ni asisten, pese a lo cual devengan 2 millones de pesos al mes e incluso más. Todo a cambio de decir que el país marcha viento en popa, y crear una falsa atmósfera de bienestar colectivo. Total, es cuestión de percepción, no de realidad. La fórmula infalible:  Parecer sin ser...Ya lo dijo Leonel Fernández, El Príncipe, y a los príncipes, por cuestión de tacto y prudencia, no se les contradice.


Por Johan Rosario

El Día Nacional del Periodista que se celebra hoy en República Dominicana sorprende a la colectividad periodística con un cúmulo de agravios a la prensa que obliga a comunicadores, medios y sociedad a reflexionar sobre tales intimidaciones que agraden a la libertad de prensa y de expresión y el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz, libre de presión o contaminación.

Las acciones intimidatorias perpetradas en días reciente  atrás contra comunicadores de la talla de Nuria Piera, Radhamés Gómez, Alicia Ortega, y otros, se acumulan como nubarrones sobre un ejercicio profesional aguijoneado desde hace tiempo por muchos floretes de poder.


Las amenazas contra la prensa, explícitas o veladas, provienen de casi todas las esferas de la fuerza y el dinero, con los olores de la flor o el dulce de la miel, pero otras con la ira del verdugo, sabor de acíbar o picor de hiedra venenosa.

Son múltiples y divergentes los diagnósticos que se levantan sobre la situación actual de la prensa dominicana, aunque en la mayoría de los casos se converge en el criterio de que en términos relativos en República Dominicana impera un clima de libertad para el ejercicio profesional del periodismo.

El convulso mundo de hoy obliga, sin embargo, a revaluar el papel de la prensa y de los periodistas como entes intermediarios entre gobernantes y gobernados o peña de debates en el mosaico de ideas que los diferentes sectores de la sociedad exponen como guía o vía para alcanzar el anhelado escenario de justicia y equidad.

En la aldea global en que ha derivado el mundo por el avance extraordinario de las telecomunicaciones, no sobreviviría una prensa diseñada a imagen y semejanza de intereses corporativos, como tampoco subsistiría un periodismo servil al gobierno o como bufón de intereses partidarios o religiosos y menos un ejercicio profesional convertido en empresa de chantaje o extorsión.

Se admite que en términos tecnológicos y de competitividad, la prensa sufre una cruenta y extraordinaria transformación, que como en cresta del gran oleaje transporta a periodistas y dueños de medios a una especie de tierra del nunca jamás, donde el ejercicio y la empresa periodística adquieren dimensiones jamás soñadas.

Lo que no ha cambiado ni debería cambiar nunca es el compromiso del periodista a ejercer su oficio con decoro, valentía, responsabilidad y conciencia, con el sagrado compromiso de defender con su vida si fuera necesario la libertad de expresión y el sacrosanto derecho del ciudadano ordinario a recibir una información veraz, libre de toda contaminación.

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