Pese a todo, en dominicana aún prevalece un cuadro de discriminación y exclusión contra los criollos que son repatriados al país. Son dominicanos que en su mayoría iniciaron una aventura por su supervivencia, viajando a un país estricto con sus leyes y vigilante con los marginados. Emigraron adonde el delito, el error y el fracaso pueden terminar en una experiencia humillante
Por Johan Rosario
Conocer de primera mano la realidad de los dominicanos repatriados a nuestro país obliga a considerar la posibilidad de que exista un prejuicio generalizado sobre su condición moral, que aunque tiene como base un fundamento claro, como es el delito, puede también revelar que “todo es del color del cristal con que se mira”.
La Policía es consciente de ello, razón por la que desarrolla un programa llamado “Registro y control para repatriados”, que actualmente dirige la coronela Sandra Mateo. Su función principal es la ayuda y protección de los deportados “empezando por examinar la situación en que llegan y cómo vienen desde el exterior”, explica la oficial.
La iniciativa parte en el año 2000 tras una decisión del entonces jefe de la Policía, mayor general Pedro de Jesús Candelier, de abrir una oficina con un equipo de psicólogos a la que los repatriados acuden masivamente para buscar orientación.
Además de recibir un tratamiento humano, la oficina busca oportunidades para ubicarlos laboralmente y proporcionarles apoyo psicológico.“Muchos vienen deportados por encontrarse en el lugar donde se ha hecho una redada, que suele ser en barrios marginales, adonde se ven abocados a vivir”, dijo la oficial.
“Otros reconocen que vendieron droga para sobrevivir, porque no encontraban alternativa, sin dinero, documentación, ni conocer el idioma, de lo que se arrepienten en mayoría”, agregó Mateo.
El resultado del programa refleja mediante un exhaustivo seguimiento que menos de un 1% de los repatriados ha vuelto a delinquir en República Dominicana. La coronel Mateo reprochó que “a la prensa le ha faltado un poco de humanidad, porque cada vez que se publica algo sobre los deportados se carga demasiado sobre el lado de la delincuencia”.
“Procuramos que sus familiares los reciban con una sonrisa, sin rechazo, y que la sociedad los acepte”, dijo la directora, que desarrolla una labor ardua junto a su equipo con un presupuesto más reducido del que desearía.
Sistema drástico
“Hemos recibido comunicaciones de las autoridades norteamericanas sobre dominicanos a los que después de muchos años detenidos y deportados se les ha reconocido su inocencia”, señaló la coronela Mateo, quien consideró que, dadas circunstancias como ésa, no se debería prejuzgar a nadie.
Entre los repatriados se encuentran personas reincidentes con multas de tráfico o jóvenes que en su adolescencia acumularon faltas que aquí consideraríamos travesuras, como pintar en las paredes o no pagar la boleta del Metro.
Reciben atención psicológica individual
La mayoría son jóvenes con edades comprendidas entre 26 y 36 años que retornan con un estado depresivo y gran frustración. Son atendidos por una psicóloga clínica, Fátima Montero, que contempla a menudo a personas que se sumen en el llanto por creer que su vida no encontrará jamás una puerta abierta.
Sus propias familias reniegan de ellos como si fueran apestados, por temor a que la sociedad los juzgue por un vínculo perjudicial para sus intereses e imagen.
En el departamento son escuchados, pueden expresar libremente sus emociones y se llevan consigo un hálito de esperanza que puede encaminarles hacia una vida nueva.
Ellos son los primeros interesados en no volver a tener relación alguna con el delito, y necesitan que la sociedad así lo entienda.
Se han dado casos de patronos que denuncian a trabajadores indocumentados ante las autoridades de inmigración para eludir la responsabilidad de pagar una indemnización por cancelación laboral, o integrantes de parejas sentimentales que para deshacerse del otro e iniciar una nueva relación lo ponen en evidencia con acusaciones falsas, lo que ocasiona su repatriación.
La humillación es doble cuando se les considera de antemano delincuentes y causantes de conflictos.





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