No ha tenido que tirar patadas por los aires, dar golpes mortales o invocar a su abuela Dona Tatica, pero si ha tenido que batallar para restaurar su socavado cuadro de salud, afectado desde aquel lugubre dia que cambio al mundo: el 9/11
Por Johan Rosario
NUEVA YORK — Alex Sánchez, hijo del padre de la lucha libre de la República Dominicana, Rafael Sánchez, mejor conocido como Jack Veneno, nunca se tuvo que enfrentar a Relámpago Hernández en un cuadrilátero poniendo en juego su cabellera, ni jamás le tuvo que dar una patada voladora al Vampiro Cao para ganar un campeonato mundial.
A Alex Sánchez, de 40 años, le ha tocado la doble lucha de enfrentarse a las enfermedades respiratorias producto de su desempeño como limpiador de edificios en la Zona Cero tras los atentados terroristas contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, y la lucha a través de diferentes organizaciones para asegurar fondos federales a favor de las clínicas con programas de salud gratuitos para los afectados del 9/11.
“Yo soy un hombre de 40 años que se siente como un hombre de 90, tengo asma, sinusitis, ansiedad, he desarrollado unos nódulos en los pulmones que podrían degenerar en cáncer y al día me tengo que tomar un sinnúmero de medicamentos contra enfermedades respiratorias”, explicó Sánchez.
Entre la lista de medicamentos que mostró Sánchez están Zyrtec, Spiriva, Proair, Ranitidine y Singulair.
A Sánchez, quien nació en Estados Unidos, le tocó contemplar cuando los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y el posterior derrumbe de éstas desde el número 100 de la calle Centre, donde se hallaba ayudando a un amigo como traductor. En ese entonces trabajaba en limpieza en la Universidad de Nueva York, NYU, para la empresa American Building Maintenence, ABM.
“Al otro día de la catástrofe, me llamaron de ABC para que reuniera el equipo de trabajo para trabajar en la limpieza de la Zona Cero. Mi equipo tenía ocho hombres y el día 13 empezamos a trabajar limpiando el edificio 1 de Broadway. Cuando entramos al edificio, todo estaba cubierto por una nube de polvo que impedía ver el interior”, dijo Sánchez.
“Nosotros entramos ahí sin nada, y lo único que nos dieron fue una máscara de papel que no nos protegía del polvo”, agregó Sánchez, indicando que lo primero que sintió a la semana de estar trabajando en limpieza fue una irritación “inmensa en la garganta”.
En marzo 15 de 2002, Sánchez dejó la limpieza en la Zona Cero y cuando volvió a su trabajo anterior de limpieza en NYU, después del primer día, cayó en cama con fiebre, dolores musculares, fatiga y tos persistente. Regresó, y pasó lo mismo. Luego se fue a colectar el desempleo y duró nueve meses en reposo, pero jamás pudo volver a trabajar.
“En junio de 2007, fui deshabilitado de por vida por la Junta de Compensación Laboral de Estado de Nueva York”, dijo Sánchez. Su caso, según pudimos constatar, es el 00333077.
Como hijo de un campeón de lucha libre, Sánchez, junto con su madre Iris Ramírez y su amigo Manuel Checo, de 56 años, quienes también resultaron afectados por los trabajos de limpieza en la Zona Cero, se mantiene luchando no sólo contra sus enfermedades, sino a favor de las víctimas del 9/11.
Sánchez es miembro de varias organizaciones, entre ellas, 911 Environmental Action, Feal Good Foundation, y 9-11 Effected, con las cuales ha viajado a Washington DC y se ha reunido con políticos para obtener fondos para clínicas que brindan servicios de salud gratuitos a los afectados del 9/11, como la del hospital Bellevue de Manhattan.
“Uno de nuestros objetivos es que se establezca un monitoreo médico a largo plazo para los afectados del aire contaminado del 9/11”, dijo Sánchez.






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