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El poder educativo de los medios de comunicación social


POR DOMINGO CABA RAMOS

“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico…” (Pedro Luis Barcia)

La teoría pedagógica sitúa los medios de comunicación social, “mas media” o medios de información, como sería lo más aceptado denominarlos, dentro de los llamados poderes educativos, entendiéndose como tales, todas aquellas instituciones u organismos que ejercen acción influencia educativa en el individuo. Son, al decir de Francisco Larroyo, las “Agencias que más activamente influyen en la formación de las nuevas generaciones”.

Aparte de los medios de comunicación, los demás poderes o “instituciones educativas”, como prefiere llamarlos el connotado maestro y pedagogo dominicano, Dr. Jacobo Moquete de la Rosa, son la escuela, la familia, la Iglesia y el Estado.


Cada una de esas agencias, en mayor o menor magnitud, ejerce acción educadora; ya sea forjando una determinada visión del mundo en la mente del individuo; ya sea adoctrinando para conseguir adeptos y desarrollar su influencia espiritual; ya sea fijando normas o patrones de conducta y transmitiéndoles a las jóvenes generaciones los valores , las costumbres y las tradiciones de la comunidad; ya sea transmitiendo los valores culturales o llevando a las mentes de las personas los mensajes ideológicos que permitan justificar el statu quo. Ya sea, por último y como muy acertadamente lo afirma Louis Althusser, acerca del papel de los medios de comunicación (Ideología y aparatos ideológicos del Estado, 1970), poniendo al individuo a vivir una realidad imaginaria o forjando en este “una falsa conciencia de la realidad”

A la luz de lo que es y ha sido la práctica cotidiana de los medios de información que operan en la República Dominicana, valdría preguntarse:

¿Cumplen los medios precitados con la noble misión de ejercer influjos positivos en las jóvenes generaciones de nuestro país? ¿Educan realmente tales medios?

En otras palabras, los medios de comunicación en la República Dominicana, ¿forman o deforman, orientan o desorientan, fomentan ellos verdaderos valores, o, por el contrario, incentivan los contravalores en las mentes de nuestros niños, jóvenes y adolescentes ?

Todos esos cuestionamientos afloran casi de manera automática a mi pensamiento:

a) Cuando aprecio la débil presencia de programas educativos en la radio y la televisión.

b) Cuando percibo la elevadísima proporción de imágenes agresivas que se proyectan diariamente por nuestra pantalla chica.

c) Cuando leo en la prensa los calificativos peyorativos o epítetos martillantes, insultantes y denigrantes que suelen utilizar nuestros líderes políticos, religiosos y sindicales para combatir las ideas de sus oponentes.

d) Cuando en lugar del argumento razonado y fundamentado teóricamente, en el debate político se apela al insulto, al sofisma, a la falacia y a la ofensa de tipo personal.

e) Cuando observo o escucho a aquellos programas de radio y televisión en los que la chercha insustancial y los comentarios insípidos, chabacanos o carentes de peso social constituyen sus principales soportes.

F) Cuando aprecio el bajo nivel académico que muestran la mayoría de los locutores que laboran en las estaciones de radio, muchos de los cuales, en lugar de hablar, más bien lo que hacen es vocear frente a un micrófono.

g) Cuando escucho a un locutor o productor de televisión emitir argumentos baladíes, baladronadas o blasonadas intrascendentes de inconfundible carácter pedantesco, carentes por completo de la más mínima importancia para el interés colectivo, y bastante distorsionadores del comportamiento de la gran masa de telespectadores.

h) Cuando leo los reportes noticiosos plagados de errores ortográficos, sintácticos y semánticos.

i) Cuando escucho los exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales emitidos por muchos de los que se dedican a comentar las noticias a través de la radio y la televisión, expresándose como si estuvieran en el banco del parque o en la gradería del estadio

j) Cuando leo o escucho a muchos de nuestros cronistas de farándula en cuyos comentarios se hace más hincapié en la vida personal del artista que en el trabajo profesional por este realizado.

Me pregunto, finalmente, si los medios de comunicación social de la República Dominicana cumplen cabalmente con su educativa misión, cada vez que observo a muchas de las personas que a ellos tienen acceso, maltratar o irrespetar los más elementales principios de la lengua de Cervantes.

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