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Sobran las razones para vivir


Pese a tener VIH desde hace 13 años, la boricua Elba Serrano dice sentirse bien de salud y, lo que es aún mejor: feliz internamente. "Soy una mujer normal e igual quiero transmitir mi mensaje a todos aquellos que viven con esta enfermendad y también a quienes han perdido su fé por la vida: muy por encima de todo -dice con una sonrisa de oreja a oreja que no parece ser de alguien atrapada en las garras de tan letal enfermedad- el mundo sigue siendo inmensamente hermoso.

Sentada en la estación del autobús, Elba repasó en menos de una hora sus 38 años de vida y planeó los próximos cinco. Mientras esperaba por la unidad que la llevaría al Hospital San Lucas de Newburgh, tras ser notificada sobre su examen de VIH, le pidió a Dios vivir sólo el tiempo necesario para terminar de educar a su hija adolescente.

"En realidad una de mis hijas era la que temía haber sido expuesta al virus, y yo por solidaridad le dije que iría con ella a hacerme también la prueba, y grande fue nuestra sorpresa ya que ella salió negativa y yo resulté positiva con sida", recuerda Serrano.


"Un día llegué a casa y mi hija me dijo: 'Mamá se me hace que usted es la que tiene el Sida porque llamaron del Departamento de Salud y quieren que usted vaya para allá", narra Serrano.

Trece años después, la puertorriqueña de 51 años, radicada en la ciudad de Newburgh desde hace ya 20 años, recuerda entre risas y sin vestigios de dolor, cómo los cinco años de vida que pidió ese día se han duplicado. Hoy día, no solo terminó de educar a su hija menor, sino que es el pilar de sus cuatro hijos.

"Yo soy la 'sacaapuros' de mis hijos, vivo para ellos. Me acuerdo cuando cumplí los 40 me llevaron a un night club a ver strippers por primera vez", comenta. "Y es que uno aprende a vivir con calidad y pensando siempre en que ese día puede ser el último".

Y es que Serrano sostiene que aunque el virus del VIH no tiene cura, si las personas infectadas deciden aceptarlo con optimismo y tratan de adquirir hábitos saludables pueden vivir incluso mucho más que cualquier persona que no tenga la enfermedad.

De hecho, hace ocho años murió su único hijo varón de una sobredosis de heroína. "Se suponía que yo debía morir primero, mentiría si digo que ha sido fácil, pero yo nunca he renegado ni he estado enojada".

Tanto para sus hijos como para sus compañeros de grupos de apoyo, ella es todo un ejemplo.

"Yo no me imagino a mi mamá enferma, siempre la hemos visto bien y hemos aprendido a apreciarla más", dice su hija menor Ruth Arenas. "A mí no me da vergüenza decir que mi mamá tiene esto, porque nosotros hablamos de todo muy natural".

Serrano fue diagnosticada con sida, pero su enfermedad es asintomática. En 13 años ha tenido tres pulmonías y fue luego de la última que decidió comenzar a tomar medicamentos.

"Yo lo que hago, además de tratar de estar optimista siempre, es tomar mis multivitaminas, dormir bien, llevar una vida normal", comenta.

Aunque a veces se preocupa por su situación financiera, pues vive de los $565 que recibe de su retiro, dice que aprecia todo lo que la vida le da y ha aprendido a no preocuparse mucho por las cosas materiales. (JR).-

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