Banner3

Banner3
Loading...

Al general Candelier por sus viejos espantos…


El general atravesó el campo político para regresar a la vieja uniformada

Acostumbrado a la cultura de los palos, el general retirado no renegó su origen y, otra vez, soltó lo propio de su estilo y esencia: el verbo encandilado de la fuerza.
Fuere por la razón que fuere, en su filípica decimonónica, el general atravesó el campo político para regresar a la vieja uniformada. Bravucón y nada mesurado, el ex jefe de la Policía navegó en un torrente de aguas pasadas y turbulencias desfallecidas.
Cantó y dejó escuchar su eco gris, aunque muy atiplado ya por las circunstancias cambiantes y los huevos aquellos de la pava que, como bien debe saber, acaso mudó de sitio.
Quizás fue una prevención o clarinada, lo cierto es que su clamoreo despertó más risas que espantos. Y, entre otras razones del momento presente, les hizo recordar a muchos, los candelabros apagados en que se convierten los jefes de Policía cuando han pasado de moda.




Con un historial erizado de abusos y tropelías policiales, el general de mano dura, quedó prendido por su propio anzuelo. Habló como si estuviera actuando…en el cargo.
Réplica de su pasado, las palabras enardecidas del ex hombre fuerte de la Policía, cayeron como brasa en las pestañas de una sociedad que, si bien no guarda rencor, tampoco todo lo olvida…
Y salieron los espantos. Los fantasmas de su traumática gestión, compartida por dos gobiernos distintos, y una carga que, por más que se oculte, salpica.
Imprudente y levantisco, el hombre, ahora metido en la política, intentó desaprobar viejas manías clientelistas, las cuales, antes como policía, aprobó (omisivamente) desde el poder.
Al parecer, y es la peor parte de su gastada monserga, Candelier el político no ha hecho la transición completa desde la ruda fusta, las botas, las chamarras y las charreteras.
Aliado hoy al PRD, antes lo fue de los otros dos grandes partidos y sus gobernantes. Aunque, a decir verdad, su estirpe pertenece a la raíz más conservadora del ejercicio coercitivo del país. Un vetusto y siempre bien preciado ajuar, atesorado por las élites y acicateado en abundancia por la oligarquía nacional.
Símbolo de la “mano dura” y la “tolerancia cero”, a quien le ha tocado ahora estar en la acera contraria de su antiguo oficio. Está claro entonces que las temerarias alusiones a supuestos o reales compradores de cédulas se quedarán en el limbo espacial de su impaciencia.
Pudo haber dicho o actuado, frente al caso denunciado, de otro modo y manera, pero su naturaleza férrea lo delató sin remedios. Fue él, esta vez, la víctima verbal de la intención primaria de sus añejos y desagradables espantos…policiales.
En algún lado quedó el político relegado y le dio paso al agente, todavía altivo y montaraz.
*De z101digital.com

Vistas de página en total