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El Che: ¿héroe o villano?

Este viernes se cumplen 42 años del fusilamiento de Ernesto Che Guevara y aún hoy admiradores y detractores continúan una guerra, al menos dialéctica, para dilucidar si es el mito revolucionario que proponen algunos nostálgicos de la izquierda o el violento asesino que retratan los familiares de las víctimas del régimen de Fidel Castro. Su muerte tuvo lugar a las 13.20 horas del 9 de octubre de 1967 en la escuelita del pueblo de La Higuera, en Bolivia. El Ejército boliviano había capturado al Che tras un enfrentamiento en el que el guerrillero fue herido en una pierna. El cubano Félix Rodríguez, agente de la CIA en aquellos años, estuvo presente y tuvo la oportunidad de conversar durante horas con el prisionero e incluso retratarse junto a su mayor enemigo. La encarnación de aquellos que le habían obligado a salir de su país y que posteriormente le había derrotado en Bahía Cochinos. Rodríguez cuenta con detalle los momentos finales de Guevara en 'El Che, en territorio enemigo', el documental que se emite este jueves a las 21.50 horas dentro del espacio 'Investigación al descubierto', en Veo7. Después de haber luchado tanto para apresarle, Rodríguez asegura que cuando tuvo enfrente al Che no pudo sentir odio. "Sentí piedad por él y quizá hasta admiración". Después siguieron hablando en el interior de la escuelita. El Che se justificó de las muertes que había ordenado diciendo que siempre habían sido agentes imperialistas y espías enviados por la CIA. Rodríguez le recriminó si no era una contradicción aquello viniendo de un argentino que se encontraba haciendo la guerra en Bolivia. "Estos son asuntos del proletariado que no alcanzan a su comprensión", replicó enojado. Rodríguez y Guevara conversaron durante más de tres horas. Fue el agente de la CIA quien le comunicó que iban matarle: "Se quedó blanco y dijo: 'Es mejor así' Nunca debí haber caído capturado vivo'". Los dos enemigos se abrazaron y el Che se puso en posición de firmes porque creía que era Félix quien iba dispararle. Este salió de la escuelita. A las 13.20 horas escuchó una ráfaga corta de carabina M–2. Ernesto Guevara había muerto pero "el mito sigue vivo". Así lo cree Max Lesnik, que participó en la revolución anti-Batista pero años después se distanció de Castro. Como Huber Matos, uno de los comandantes barbudos que entraron en La Habana. Uno de los cinco magníficos junto a Fidel y Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y el propio Guevara. Matos cayó en desgracia y se marchó a Miami después de ser torturado durante años en las cárceles del régimen. Recuerda a Guevara "como un aventurero" y está convencido que antes de su muerte tuvo que maldecir a los hermanos Castro por dejarle abandonado a su suerte en Bolivia. Otros, como Jesús Marzo Fernández, recuerdan al Che en su época de ministro de Industria. "Era muy austero en comparación con otros altos cargos. Fumaba mochos de tabaco, vestía siempre uniforme y desprendía un olor muy fuerte". Alina Fernández, hija rebelde de Fidel Castro. Castro, recuerda cómo tuvo conocimiento siendo niña de la existencia de su padre y del Che. Estaba viendo "muñequitos" por televisión "y de repente se fueron los muñequitos y aparecieron unos barbudos que venían en unos tanques muy grandes. Uno de aquellos barbudos salió de la pantalla y apareció en mi casa. Al que no volví a ver fue a Mickey Mouse". Alina conoció a Aleida, la hija mayor de Guevara. "¿Qué teníamos en común? La figura de un padre ausente".

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