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El niño que se hace grande jugando a la muerte

Para el escritor estadounidense Ernest Hemingway, el toreo es el "único arte que juega con la muerte", donde todo depende del "honor del torero". Y en un país dónde las corridas de toros fueron algo popular, pero ahora son algo casi oculto, un niño de tan sólo 11 años parece tomar las palabras de Hemingway a rajatabla. "Llevo el toreo en la sangre, el toreo corre por mis venas… y me apasiona, lo doy todo cada vez que entro al ruedo", dice Juan Mauricio Copa, conocido en el pequeño círculo taurómaco de Bolivia como "El Mauri" o "Mauro", antes de entrar al ruedo orgulloso y decidido. Cada vez que dice la frase "arte taurino" sus ojos se llenan emoción. Se persigna, desenrolla su pequeña capa amarilla y púrpura –hecha a su medida- y mira fijo al primer toro que cruza el portón oxidado. Su agitada respiración hace que su chaleco rojo con bordados dorados se expanda en cada suspiro. El toro enfurecido arrolla, mientras "El Mauri" se arrodilla sobre su pierna derecha y lo esquiva. El poco -pero fiel- público aplaude enardecido y grita "eres un grande, demuéstraselo al mundo". Y es que en muy poco tiempo, "El Mauri" se ha convertido en una sensación en el país Andino. Y eso es lo que él y su padre desean profundamente. "Lo que yo quiero es que sea un gran matador de toros, un gran matador de Bolivia para el mundo ya que nunca hemos tenido uno bueno", le dice a BBC Mundo antes de la corrida, su padre, Justino Copa. "Yo quiero que vaya a torear a todos lados, a México, a España, a Colombia, a Perú", agrega Copa con la pasión de un padre que además es torero.

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