
Los valores están tan invertidos en este país -en el que un 60% de la gente vota en las elecciones a cambio de un pote de romo o par de ruedas de salamis y cartones de huevo más un racimo de plátano-, que los buenos acabarán por ser los malos. Es tan asfixiante la ausencia de discernimiento que rastreros como este tal Mario Torres, Honorable Senador de la República por la Provincia de Dajabón, se ampara en esa oscuridad de primates que aún nos abruma -acaso por el hambre milenaria que hemos padecido y la falta de educación- para atreverse a despachar la siguiente perla: "El reportaje de Alicia Ortega sobre los senadores es superficial y no se apega a la verdad". Qué cachaza tan grande tiene ese tipejo! Y así como él, otros legisladores, cuyas voces se sumaron a la defensa del "honor mancillado" por la verduga de Alicia Ortega., se muestran indignados por los excesos de Alicia. "Una mujer que ni dominicana es" -dicen presos de la ira y el encono. Habrá que considerar seriamente el propugnar por una Ley para taparle la boca a periodistas como esta Alicia y Nuria, que se la pasan fuñendo y dañando la buena imagen y acrisolada reputación de nuestros egregios congresistas y de los entregados y diligentes funcionarios gubernamentales. ¿Verdad que sí, Don Mario?




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