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Las "chicas malas" y su condena al olvido

Llevo conmigo un radar especial para localizar solteros / Si acaso me meto en aprietos también llevo el número de los bomberos / Ni tipos muy lindos ni divos ni niños ricos yo sé lo que quiero / Pasarla muy bien y portarme muy mal en los brazos de algún caballero / Una loba en el armario tiene ganas de salir / Deja que se coma el barrio antes de irte a dormir *La loba (Shakira)

Por Adriana Balaguer

Hay señales físicas y del carácter que actúan como carnada a la hora de despertar en el otro sexo fantasías increíbles. No se trata de desplegar nuestros talentos de conquista todo el tiempo, sino de aprender en qué momento vale la pena sacarlos a relucir. Ser una "chica mala", vale la pena. Lo pueden pedir las hormonas o merecérselo el candidato, pero vivir esa experiencia de vez en cuando, tiene sus privilegios. Elizabeth B., Lizzy para los amigos, vestía como una chica mala, miraba como una chica mala, y tenía pocas amigas, como les pasa a las chicas malas, a quienes sus pares consideran una amenaza. Los hombres morían por ella, la consideraban irresistible. Cuando entraba en escena distraía la mirada de los que estaban solos, pero también la de quienes estaban acompañados. Ella la pasaba realmente bien provocando los sentidos de sus espectadores. Ser así le facilitaba su proceso de selección. Cuando encontraba un hombre que le gustaba, solo tenía que hacérselo saber con algún guiño diferente y dedicarse a disfrutarlo. Sin embargo, y más allá de lo que se pueda pensar, Lizzy no se sentía plena. La cansaba ser una chica mala todo el tiempo. Por ser así nadie se tomaba el tiempo suficiente para saber de ella más de lo que saltaba a la vista. Y en el fondo, también era una chica buena que quería que quien la eligiera, valorara ese atributo. Empezó entonces un proceso de transformación. - Si antes era exuberante en su belleza, trató de aprender la sutileza.- Si antes gustaba de seducir a todos, buscó ejercer la seducción individual y selectiva.- Si antes se sentía dueña y señora del proceso de conquista, aprendió a esperar que el otro tomara la iniciativa, y que avanzara con su estilo.- Si antes todo tenía que definirse "ya", intentó contenerse y entregarse al tiempo real que implica conocer al otro. Tener en claro cuáles eran sus armas de seducción fue sin duda su gran ventaja competitiva frente a las de su género (¡cuántas mujeres tardan años en identificarlas!). Aprender a dosificar su semblante de chica mala, le abrió la puerta a la satisfacción real. ¿Quiénes tiene más éxito, las chicas malas full time o las selectivas? ¿Por qué?

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