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La felicidad de los dominicanos es cuestionable

Santiago, Rep. Dom.- La Fundacion inglesa The New Economic, hace varios días dio a conocer un informe que establece que la economía dominicana crece de manera vertiginosa, a tal grado de colocarnos en el segundo "país más feliz de la tierra". Tal vez dicho organismo internacional tenga razón, pero cada vez que un dominicano levanta la cuchara para llevarse un trozo de plátano a la boca, masticarlo a puro coñazo y darle saliva para bajarlo, se le hace un nudo en la garganta como cuando una serpiente se traga un sapo sin saborearlo. Pero pobre de aquellos que no tienen dientes, ahí si es grande Foundation. El alto consumo de plátanos le proporciona a cada dominicano una tremenda "felicidad", que en los establecimientos de MacDonalds lo tienen como el plato principal para los turistas. Las propiedades alimenticias que contiene produce tanta satisfacción, que hace más de treinta años se celebro en el país el Mis Universo, y el jurado presente en el certamen quedo tan encantado del menú, que dio como ganadora a una negrita en representación de Trinidad y Tobago.Los ingleses, como la mayoría de los europeos al igual que los norteamericanos, pasan su mayor tiempo apegado a la internet y por eso muchos de ellos no son felices como los dominicanos. No obstante, esa felicidad que dice la The New Economics Foundation que tenemos los dominicanos, se debe a que tenemos un nivel de vida silente y la usamos como un antídoto de defensa. Es bueno que el mundo sepa que la felicidad de los dominicanosderiva de que, comparado con otras naciones, este país es tranquilo, aunque lloremos lágrimas de sangre. Esta nación es Penélope, sentada en el andén de los acontecimientos, en el tren de las cosas públicas montadas y desmontadas en situaciones que deberían llamar la atención internacional. No participamos de lo bueno, pero tampoco protestamos por lo malo. La vida pública nos pasa por delante como una procesión. Lo peor del caso, es que seguimos esperando sin saber que el féretro no es de otro, sino el de uno mismo.Nos entierran en calma y así por encima de las vicisitudes continuamos esperando como la obra de Gabriel García Marquez, ¨El coronel no tiene quien le escriba ¨. En definitiva, la vida es dura, malvada y corta y hay que vivirla contenta y conformarse en ser felices, porque total, está hecha para morir y no llevarse nada.

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