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Una marcha conmovedora, dos discursos y una realidad


Por Arturo Taveras

TAMBORIL.- Apelando a la misericordia de Dios y a la sensibilidad de la gente, con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús como estandarte, transcurrió una marcha encabezada por el nuevo alcalde de este municipio para demandar del Todo Poderoso y del gobierno central acudir en su auxilio para poder iniciar su trabajo en al cabildo. La caminata fue organizada luego de una sesión en la que en alcalde Anyolino Germosen pidió al Concejo Edilicio declarar en estado de emergencia al municipio, lo que fue aprobado por siete de los nueve ediles que, junto al ejecutivo municipal, se reunieron en la Sala Capitular. Pancartas en manos, con letreros de petición a Dios, como si fuera el responsable de la mala administración que hacen las autoridades de los bienes del pueblo, una multitud acompañó al nuevo alcalde, quien empuñando un velón encendido no dejaba de repetir a la prensa que ‘‘Solo Dios y las autoridades del gobierno central pueden salvarnos’’. ‘‘Tenemos un municipio sin dinero, sin cuerpo de bomberos, calles casi intransitables y con un departamento de transportación convertido en un desastre’’ decía a los periodistas, con pose teatral, el ejecutivo municipal, cada vez que una cámara era encendida en su entorno. Su nuevo discurso, poco halagüeño para un pueblo desesperado, apagó en los tamborileños el entusiasmo que el propio alcalde creó cuando estaba en campaña proselitista para alcanzar el solio municipal cuando decía que los recursos que entraban al cabildo daban para convertir al municipio en el pueblo mas desarrollado, limpio y mejor organizado del país. Pero ese discurso mesiánico quedó sepultado en el proselitismo electoral y ahora hay que hacer imperar la desesperanza como cortina de humo para ocultar los planes reales de alcanzar el poder municipal, porque las condiciones del municipio siguen siendo las mismas que prevalecieron en pasada administración municipal. Es la misma realidad tratada con discursos diferentes por la misma persona que ayer denunciaba los males existentes: calles que solo podían ser transitadas por burros, desorden administrativo, un cuerpo de bomberos en mal estado y un municipio convertido en un vertedero. El nuevo discurso de Germosen hace valer el postulado del conocido refrán que reza ‘‘una cosa es con guitarra y otra con violen’’, porque en campaña decía los problemas de Tamboril no eran solucionados por falta de voluntad política y se declaró como el chapulín salvador de esa situación y prometía que tan pronto llegara al cabildo todo cambiaria. Ahora, como un desesperado Mesías que asume la sagrada encomienda de dirigir a un pueblo sin rumbo que busca el cambio real, el nuevo alcalde de Tamboril, aparentemente desesperado, pide al ser supremo que lo ayude a conducir a la multitud que ciegamente lo sigue como al búho que era considerado un Dios, cuya desgracia fue caminar por una calle, a plena luz del día cuando su virtud era que solo podía ver por las noches, en su habitad y en el dia era totalemente ciego. Pero como quien trata de condicionar una situación, Anyolino Germosén ahora grita a los cuatro vientos que recibió un ayuntamiento destruido y con una deuda de 26 millones de pesos. Sin embargo, en su discurso ni siquiera promete al pueblo de Tamboril llevar a la justicia a las pasadas autoridades que a su juicio habrían dejado vacías las arcas del municipio. Si los responsables del desastre existente en el municipio deben pagar por sus hechos.

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