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Se acaba el mundo?


Por Orlando Holguín

Islandia es un paraíso habitable, en comparación con lo difícil que se hace vivir en los países tercermundistas, todos atiborrados de graves problemas. Ubicado en el extremo noroeste de Europa, con 103 mil kilómetros cuadrados, es decir, el doble de nuestro territorio y un poquito más, este país tiene una población de unos 309 mil habitantes. Oigan que felicidad, pues mientras menos gente en la fiesta más rinde el buffet. Islandia ocupa el undécimo lugar del mundo en cuanto al PIB por habitante y el primer lugar en desarrollo humano (¡Ay, pero qué envidia!). Los habitantes de esta isla tienen un promedio de vida de 79 años y promedian un ingreso anual de 27 mil dólares. (Qué chilatica). Por todo esto, se puede deducir que las adversidades e inconvenientes en esta gran nación europea son mínimos. El problema de Islandia no son los apagones, a los cuales no deben ni conocer, tampoco los políticos y sus afanes por salir de los cargos dejando resueltos hasta los problemas de sus biznietos. Allá no tienen Junta Central Electoral, no saben de reconteo ni de actas dudosas. No hay escasez de agua y la delincuencia debe estar reducida a su más mínima expresión. Allí un policía jamás va a “jalar” un gatillo porque una persona no se detuvo ante un ¡alto!, pero tampoco un agente del orden se dispone a esperar a alguien en la oscuridad, quizás con el fin de asaltarle, más que con el objetivo de luchar contra el crimen. El problema en Islandia no es cómo está constituido el congreso, ni si el que está quiere reelegirse o el que se fue quiere volver. Estos rubios ojos azules tampoco tienen una caterva de partiduchos, esperando a ver quien es el que va a ganar para luego pregonar, cual urracas parlanchinas, que ése es la salvación, no del país, sino del mundo. Allá no hay bombardeos de encuestas pagadas, no hay hoyos en las calles, no debe haber un solo semáforo dañado, ni automóviles oficiales sin placas violando todas las reglas del tránsito. Estos auténticos europeos no saben de perra de mamá Belica, ni de amarrar una chiva, no tienen Agripinos. A los islandeses lo mismo le da el mes de agosto que el de septiembre. En fin, sus problemas, que los tienen, como todos los grupos humanos, son minúsculos. En Islandia no hay mucho de qué preocuparse. Como no hay farándula, al estilo Dominican Republic, ni hay mega divas, ni es noticia si el trasero de una chica de calendarios tiene o no celulitis; como nadie se va a la trompadas en un programa de televisión, ni en los medios hay mega mamis, ni abundan los buscavidas, ni tienen colmados donde beber, como si las bebidas alcohólicas se fueran a acabar al día siguiente, entonces a la primera ministra de esta gran nación le coge con casarse con una escritora, es decir, con una persona de su mismo sexo. Cuando un hombre se decide a ser pareja de otro de igual sexo, se dice que le gusta la carne de “cocote”, que, en el buen idioma de Cervantes y de Lope de Vega, es cogote, es decir, el pescuezo de un animal. Bueno, pues a la señora Johanna Sigurdardottir, de 67 años de edad, le gusta la carne de ala. Escogemos el ala por ser esta parte del pollo más elegante, más sublime y menos rústica que el “cocote”. En fin, el mundo se está acabando, pues éste es el mensaje de aquellos a quienes les debe preocupar más el hecho de enviar un mensaje que vaya más acorde con las buenas costumbres, con el respeto al orden establecido por la naturaleza humana y las leyes divinas, pues son figuras públicas, pero más que todo son personas con mucho poder. Y que no me vengan con el cuento de que, al fin y al cabo, su deber es trabajar con eficiencia en los quehaceres de la posición para la cual fue elegida, sin importar cual sea su preferencia sexual, pues si seguimos por este derrotero, los niños a los diez años no van a saber qué es mejor o lo más natural, si ser pareja de una mujer o de un hombre. A la señora Sigurdardottir le decimos desde este terruño, que envidiamos (con envidia de la buena) su país y que, con agua o con leche, que le aproveche su matrimonio con la escritora que le ha robado el corazón, pero que, desde nuestro punto de vista, ella no es un buen ejemplo para los que vienen subiendo, aquellos que serán los hombres y mujeres del mañana. *Tomado de merengala.blogspot.com

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