Aunque perversa, la estrategia de elegir un chivo expiatorio fue eficaz porque desvirtúa la razón real del conflicto, dándole el matiz de un enfrentamiento entre colegas y hermanos, pero deja las secuelas de una delicada crisis familiar y la amargura de un hombre, esposo y padre de familia, que ahora camina arrastrando su vergüenza y un pesado fardo de culpas, endonado por su amo que lo eligió como chivo expiatorio.
Por Arturo Taveras
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NUEVA YORK.- Los tropiezos administrativos en la alcaldía del municipio de Tamboril, en la provincia de Santiago, República Dominicana, cometidos por el ejecutivo municipal, con la cuestionada adquisición de una jeepeta , el pago de cuentas personales, la violación a la ley 41-08, al negársele al pago de prestaciones laborales y pensiones empleados, entre otros desmanes, hace pensar que en el municipio de Tomás Hernández la impunidad castiga a quien levanta la voz y la bandera de la corrección, en favor del pueblo, sacrificando como chivo expiatorio a un cercano colaborador, elegido como cabeza de turco para que sea su reputación la que corra por el suelo y no la de su jefe.
Ante la turbulenta avalancha de denuncias y comentarios en contra de las decisiones y actuaciones personales del novel pero sabio alcalde surgieron las noticias, a partir de las cuales los comunicadores del municipio emitieron sus opiniones, en diarios digitales y programas de television, las cuales fueron motivo de ataques feroces contra ellos, planificados desde el cabildo por el equipo de alabarderos del ejecutivo municipal.