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Triunfó la derrota


POR JC MALONE*

Si los republicanos escucharan a su propia militancia, entenderían que si un imponderable no cambia el panorama político, el triunfo de Romney puede asegurarles la derrota en noviembre

Mitt Romney ganó las primarias republicanas en Alaska, Idaho, Massachusetts, Vermont, Virginia y Ohio, durante el llamado “Súper Martes”. Rick Santorum ganó en Tenessee, Oaklahoma y Dakota del Norte, Newt Gingrich sólo ganó en su natal Georgia.

Lo importante es ganar, no importa el margen, dicen los ganadores desmoralizados por sus pírricas “victorias”, pero Romney demostró un flanco extremadamente vulnerable en Ohio y Michigan. Ahí se concentra la clase trabajadora blanca, poco educada, religiosa y conservadora, reflejando el pensamiento de ese, el mayor grupo de votantes estadounidenses.

En su Michigan natal, Romney empató, luego “ganó” por dos delegados. En Ohio, hasta ahora, “ganó” por un punto. Esto evidencia que el virtual candidato republicano está desconectado de los trabajadores blancos religiosos y conservadores, como él.


Romney tiene menos de 400 de los 1,144 delegados que necesita para asegurar la nominación republicana, lo que significa que las primarias continuarán hasta la convención de agosto. También los ataques de aspirantes, arrancándose la piel.

Santorum seguirá presumiendo de católico ultraderechista, más papista que Benedicto XVI, mientras Gingrich, el intelectual del debate, negociará lo suyo porque no se quedará con las manos vacías.

El favorito republicano mantiene la delantera, entre otras cosas, porque su campaña esta mejor organizada y financiada que las otras. Romney tiene suficiente dinero para financiar su propia campaña, ese es un factor decisivo en muchos aspectos a lo interno del Partido Republicano. Ahora ser millonario es una desventaja entre la mayoría de votantes pobres.

En unas elecciones donde se discutan abiertamente las desigualdades económicas y sociales Romney, un millonario conservador queda en muy mala posición frente al presidente Barack Obama.

Si los republicanos escucharan a su propia militancia, entenderían que si un imponderable no cambia el panorama político, el triunfo de Romney puede asegurarles la derrota en noviembre.

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